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Earthing: La salud en equilibrio con la Tierra.

Earthing

Nadie es ajeno a la agradable experiencia que nos produce caminar descalzos por una playa o pisar la hierba húmeda por el rocío de la mañana. El placer de la experiencia no surge solo del suave tacto de la arena o de la hierba al tomar contacto con las infinitas terminaciones nerviosas de nuestros pies.

Además del agradable placer del tacto, también se produce una mejora en nuestras tensiones corporales, cada músculo, cada célula, cada átomo de nuestro cuerpo se relaja, regresa al estado de reposo, se eliminan las tensiones a cualquier escala en todo el sistema biológico que es nuestro cuerpo. Si observamos con atención, el mero hecho de tomar consciencia de los cambios positivos producidos en nuestro estado físico y mental al pisar el mundo sin protección, o sea, sin zapatos, es por sí mismo un encuentro con la vida y con la salud.

Cuando nos duchamos, también establecemos un contacto eléctrico con la tierra, casi como cuando caminamos descalzos en la naturaleza. El agua de la ducha nos conecta con una red kilométrica de tuberías llenas de agua a presión enterradas bajo nuestras ciudades que ofrecen una conexión a tierra muy eficaz. De ahí la sensación tan reconfortante para el cuerpo y la mente que nos produce una buena ducha.

Recordemos que vivimos en un universo de matriz electromagnética del que formamos parte sin remedio. La ciencia nos ha mostrado desde muchos ángulos, que somos luz palpitando en infinidad de frecuencias, somos fuerzas magnéticas y corrientes eléctricas pulsando y fluyendo de un lugar a otro del universo. Estamos hechos de la luz y el calor de sol, del magnetismo terrestre y las ondas de resonancia de los relámpagos, somos el puro reflejo de millones de matices en el espectro electromagnético con el que brilla la naturaleza más cercana, generamos pálpitos electromagnéticos en resonancia con las frecuencias naturales que nos envuelven y alimentan. Al respirar, caminar, pensar o emocionarmos, creamos pulsos y flujos electromagnéticos por el mero hecho de estar vivos, como muestran los electroencefalogramas, electrocardiogramas y electromiogramas empleados en el diagnóstico médico, o las termografías, capaces de ver la luz en infrarrojo que emite nuestro cuerpo.

En una dimensión de nuestro ser, somos luz en un universo de luz y se pueden aplicar las ecuaciones de Maxwell o las leyes de Ohm y Faraday a muchos de nuestros procesos biológicos.

También nos alimentamos de la fuerza electromagnética que nos envuelve, se trata de un recurso energético como lo es el aire que respiramos, el agua que bebemos y los nutrientes que aportan los alimentos. Si no existen las fuerzas electromagnéticas naturales que nos animan, nos morimos de hambre, literalmente de inanición electromagnética. Los estudios realizados en diferentes laboratorios de investigación demuestran las dificultades de animación y sincronización que nos produce la desconexión del mundo desde su dimensión electromagnética. Consecuentemente, la desconexión de la tierra y su ambiente electromagnético natural impide una relación adecuada con la vida y la salud.

EARTHING

Existe una corriente en el mundo de la salud liderada por Clint Ober denominada earthing, del inglés “conectarse a tierra”, su filosofía es simple y se basa en encontrar el equilibrio de la salud mediante la reconexión eléctrica del cuerpo con la tierra. Como cuando caminamos descalzos por la playa, la hierba o disfrutamos de una larga y reconfortante ducha. Ober cayó en la cuenta de cómo los calzados con suelas de goma nos desconectan de la tierra impidiendo el reequilibrio eléctrico entre nuestro organismo y el planeta. Observó que el contacto de nuestros pies desnudos sobre la tierra durante periodos de entre 20 a 30 minutos, reequilibraba las cargas eléctricas corporales con las de la tierra, creando orden y relajación en todos los sistemas de nuestro cuerpo y con ello un aporte realmente importante a nuestra salud.

Y si lo pensamos bien, ¿cuánto tiempo pasamos desconectados de la tierra, sin pisar un suelo natural, descalzos y fuera de un edificio? Es posible que muchos de nosotros pasemos meses sin vivir la experiencia. Ober sufría una dolencia resultante de una enfermedad hepática que le hizo pasar por una cirugía de alto riesgo dejándole secuelas crónicas. Sufría dolores e insomnio entre otras dificultades, lo compensaba con analgésicos y calmantes.

En algún momento, llevado por una luz de esas que nos alumbran en la adversidad, pensó que igual el reequilibrio eléctrico de su cuerpo con el ambiente natural, la tierra, podría tener algún efecto positivo en su salud. Ober había sido técnico instalador de TV por cable, y en su experiencia sabía que la información de los pulsos electromagnéticos que circulaban por el cable de televisión que instalaba su compañía, en ocasiones se veían interferidos por la inducción de otros campos electromagnéticos producidos por la actividad de instalaciones ajenas. Para evitar las distorsiones de la información en su circuito, utilizaban un cable blindado con malla conductora conectada a una pica de toma de tierra, con lo que se evitaban influencias externas conservando la información genuina transmitida por el cable de televisión.

Pensó que de alguna manera no somos tan diferentes a un cable de antena. En nuestra dimensión bioeléctrica precisamos transportar flujos de información muy precisos para el correcto funcionamiento de todos los canales del sistema biológico que somos. Si nos desconectamos de la fuente enfermamos, si somos inducidos por campos electromagnéticos externos nos saturamos, perdemos la información genuina, sana, y nuestros sistemas reciben mensajes erróneos o pierden la comunicación entre ellos. ¿Era posible que la desconexión de la tierra y las interferencias electromagnéticas mantenidas en el tiempo pudieran enfermarnos?

Con un sencillo voltímetro y una pica de toma de tierra clavada en el jardín de su casa, observó que, en el interior de la vivienda, los niveles de capacitación eléctricos en su cuerpo eran superiores a los obtenidos en el jardín, donde no había una instalación eléctrica activa. La instalación eléctrica de la casa tenía una influencia directa en su cuerpo, como los cables de televisión con los que trabajaba antaño.

Con esta idea, Ober decidió dar conductividad a su cama mediante una cinta adhesiva de aluminio conectada a la toma de tierra que había clavado en el jardín de su casa para realizar las pruebas, así pudo observar que su potencial eléctrico corporal al acostarse en la cama, permanecía igual que cuando se encontraba fuera de la vivienda, descalzo, sin influencia de los campos eléctricos generados por la instalación eléctrica de la casa.

La toma de tierra naturalizaba la tensión eléctrica corporal devolviéndola a su origen.

Guiado por su intuición, comenzó a dormir bien por primera vez desde su operación hacía ya varios años y, poco a poco, la inflamación y el dolor crónico comenzaron a disiparse hasta desaparecer, y pudo abandonar la medicación que lo sustentaba.

Ilusionado por los resultados obtenidos buscó entre sus conocidos y amigos aquellos que pudiesen beneficiarse de su descubrimiento. En la mayoría de los casos, los resultados fueron muy buenos, las personas dormían mejor y tenían más vitalidad, y muchos dolores considerados crónicos comenzaban a remitir haciéndose más soportables, en algunos casos, como en el suyo propio, desaparecían por completo.

Su idea fue popularizándose, llegando a ser utilizada por algunos médicos que vieron con interés los resultados de la aplicación del earthing en algunos de sus pacientes, incluso se realizaron experiencias clínicas, como la publicada en 2004 en The Jornal of Alternative and Complementary Medicine, en la que se observó cómo personas que presentaban un patrón de desorden en sus niveles de cortisol, manifestando diferentes problemas de salud, al dormir en un espacio naturalizado con conexión a tierra, recobraban la sincronía y proporción de cortisol en sangre a la vez que sus síntomas mejoraban. Mientras que las personas del grupo de control, sanas, y con un patrón acorde a los ritmos cronobiológicos día-noche adecuados, se mantenían estables ante las mismas circunstancias.

Los campos eléctricos generados por las instalaciones eléctricas estresan nuestros circuitos biológicos durante todo el día, pero principalmente mientras dormimos, o más bien, mientras intentamos dormir. Los campos eléctricos alternos influyen en la producción de diferentes hormonas, como es el caso de la melatonina, pero en esta experiencia se observó concretamente la influencia en la producción de cortisol, una hormona segregada por las glándulas suprarrenales que se libera en la sangre como respuesta al estrés. Una secreción inusual y prolongada de cortisol en la sangre da lugar a importantes cambios físicos que pueden terminar en afecciones crónicas.

El cortisol es la hormona de respuesta al estrés de nuestro cuerpo, su presencia está determinada por el ritmo circadiano y sus niveles en sangre varían con el ciclo diario. Los niveles de cortisol están más bajos por la noche, que es cuando entramos en el sueño y nos vamos a dormir, pero esto puede variar debido la exposición a los campos eléctricos producidos por la actividad de los circuitos eléctricos de los edificios en los que desarrollamos nuestras vidas.

Viendo la influencia del earthing en el beneficio de nuestra salud, ¿cómo podemos incorporarlo a nuestros hábitos? Descalzarnos y caminar por la playa o la hierba húmeda conscientemente es sencillo, pero igual no es un recurso que tengamos muy a mano, sobre todo en invierno, cuando el clima no es favorable. En esos casos, recordemos que una larga ducha también puede ayudarnos a restablecer el equilibrio eléctrico corporal. Al menos hasta la llegada del buen tiempo.

Pies descalzos en playa

EL CORTISOL EN EXCESO Y MANTENIDO EN EL TIEMPO:

• Tiene un amplio efecto sobre la digestión y el sistema inmunológico. También afecta a los neurotransmisores, las sustancias químicas cerebrales que determinan la energía vital, el humor, la claridad mental, la concentración y el sueño.

• Contrarresta la insulina, contribuyendo a la hiperglucemia.

• Provoca la pérdida de colágeno.

• Estimula la secreción ácida gástrica.

• Inhibe la pérdida de sodio.

• Aumenta la intensidad de excreción del potasio.

• Se comporta como una hormona antidiurética, produciendo retención de líquidos en los tejidos.

• Debilita el sistema inmunológico evitando la proliferación de células T.

• Baja la formación de tejido óseo favoreciendo el desarrollo de osteoporosis a largo plazo.

• Produce trastornos en el aprendizaje.

• Incrementa la presión sanguínea.

• Desactiva el sistema reproductivo, produciendo infertilidad temporal.

¿Y EN EL INTERIOR DE LOS EDIFICIOS?

El sistema que propone Ober aparentemente es muy sencillo, se trata de disponer un material conductor debajo de la cama conectado a una pica de tierra clavada en “la tierra del jardín”. Esto permite el reequilibrio eléctrico entre la tierra y la persona reestableciendo la naturalidad del ambiente. La idea me gusta mucho, estoy de acuerdo en que la naturalización del ambiente en el interior de los edificios y la reconexión con las fuerzas de la naturaleza ejercen una normalización terapéutica sobre todo nuestro sistema biológico, pero es importante observar algunos detalles técnicos que pueden dificultar y pervertir la conexión de una cama a una toma de tierra si no tenemos en cuenta algunos factores.

En el relato de Ober descrito en el libro Earthing, con los pies descalzos, se describe una casa unifamiliar con terreno sembrado de césped donde se podía clavar una pica fácilmente para conectar la cama a tierra. En nuestra experiencia, eso sería un regalo. Desde nuestra actividad como analistas en salud geoambiental, el primer factor de estudio en una medición de campos electromagnéticos en una vivienda u oficina, es el de la toma de tierra. En realidad, además de no resultar fácil encontrar una vivienda al estilo de las películas americanas, tampoco encontramos tantas tomas de tierra lo suficientemente buenas y seguras como para conectar una cama en la que va a dormir una persona. Es más, muchas veces, debido a la antigüedad del inmueble, no encontramos ni una sola toma de tierra en todo el edificio, y no busquen, el jardín no existe. Y si, además, el inmueble es un edificio de vecinos, resultará realmente difícil conseguir instalar una toma de tierra con tanta instalación implicada. No hay toma de tierra a la que conectarse.

En otros casos, de existir toma de tierra en el edificio, la resistencia de la tierra podrá ser muy alta, de manera que no puede dispersar los campos eléctricos generados por la instalación, y tampoco equilibrar nuestra carga eléctrica estática con la carga negativa del terreno. No podemos conectarnos a esta toma de tierra, es peligrosa.

Más miedo nos da cuando por los circuitos de tierra circula una corriente eléctrica. Recuerdo las desagradables descargas al probar el sistema de earthing de un cliente, el sistema estaba conectado a un circuito de tierra con un voltaje de 50 voltios, no electrocutaba, pero resultaba realmente desagradable. En nuestra experiencia no es extraño encontrar fugas y derivaciones eléctricas afectando al circuito de tierra del edificio. En este caso, los supuestos beneficios de estar conectados a tierra nos pueden salir por la culata, en vez de disipar y equilibrar, estaremos expuestos a un nivel de contaminación mayor, sin descartar una posible electrocución. Tampoco podemos conectarnos a esta toma de tierra, es muy peligrosa. En realidad, encontrar una toma de tierra en un edificio con las capacidades necesarias para establecer una conexión a tierra adecuada según los criterios establecido por el movimiento earthing, requiere de un profesional con los conocimientos adecuados para garantizar su funcionamiento óptimo.

 

¿EARTHING? SÍ, PERO SEGURO

Desde nuestra actividad como analistas en salud geoambiental venimos observando que en la mayoría de las casas y oficinas que analizamos encontramos a muchas personas expuestas a las emisiones de campo eléctrico generado por la actividad de la instalación eléctrica del propio edificio. En estos casos hemos podido medir la capacitación eléctrica propia e inducida de muchas personas expuestas durante horas a los campos eléctricos existentes en sus entornos habituales, y muy especialmente en la cama en la que duermen, por lo que consideramos muy importante recuperar la naturalización electromagnética del ambiente en nuestros hogares y lugares de trabajo.

Contar con un análisis preciso de los factores físicos de riesgo realizado por un analista en salud geoambiental cualificado, que conozca bien las diversas influencias electromagnéticas naturales o artificiales que llegan a producir los edificios es imprescindible.

No somos conscientes, pero en un edificio pueden coexistir factores de naturaleza electromagnética complejos colaborando en la desconexión y desnaturalización del ambiente físico interior: Materiales ferromagnéticos en las estructuras que distorsionan el campo magnético terrestre, muros aislantes con poca capacidad para la dispersión y el reequilibrio de las cargas eléctricas, superficies que generan electricidad estática por rozamiento con diferencias de potencial de miles de voltios y cargas antagónicas a las de la superficie de la tierra, ambientes separados de la tierra y del aire por los sistemas de aislamiento térmico y acústico, sistemas de climatización que reducen la humedad ambiente aumentando la resistividad eléctrica del aire, instalaciones eléctricas que incorporan campos eléctricos alternos artificiales al ambiente y sistemas de telecomunicación en banda de microondas entre otros.

Como podemos observar, la mayoría de los edificios modernos generan en mayor o menor medida aislamiento del entorno natural e incorporan informaciones electromagnéticas artificiales que contaminan el ambiente en el que pasamos la mayor parte de nuestras vidas, si sumamos los tiempos destinados a trabajar y dormir, observamos que en el mejor de los casos llegamos a pasar dos tercios del día en el interior de un edificio.

La salud geoambiental, advierte que todos estos factores ambientales cambian la naturaleza de las fuerzas electromagnéticas naturales e impiden que podamos entrar en contacto con la tierra y reequilibrarnos con ella. Regresar a la naturaleza es un remedio terapéutico de primer orden; cuando la entropía alcanza niveles extremadamente complejos y el sistema pierde toda la capacidad de regresar al orden, la toma de tierra nos permite regresar al origen, apagando los ruidos externos que interfieren en nuestra salud.

El earthing es conectar el cuerpo a las energías de la tierra, es caminar descalzo, sentarse en la tierra, trabajar y dormir en el interior de edificios con muros, estructuras e instalaciones, capaces de mantenernos en equilibrio con las cargas eléctricas de la tierra, donde los sistemas eléctricos están blindados y conectados a toma de tierra para evitar la generación de campos que saturen e interfieran nuestros sistemas biológicos en cualquier momento del día, especialmente cuando dormimos. La salud geoambiental puede ayudarnos a conocer y transformar el ambiente de nuestras casas para mantenerlos en patrones lo más parecidos a los que encontraríamos en la naturaleza, y que así tu casa pueda ser también tu medicina.

Y recuerda, cuando te descalzas y caminas en la naturaleza tu cuerpo se impregna con los electrones libres presentes en abundancia en la corteza terrestre, equilibrando así todo tu cuerpo con los niveles eléctricos del planeta. De esta forma regresas a la realidad del mundo y reconectas con la tierra en un acto que, en consciencia, puede resultar transcendente, pero, sobre todo, será curativo.

FERNANDO PÉREZ FERNÁNDEZ, Vicepresidente de la Fundación para la Salud Geoambiental

Artículo publicado en la Revista Vivo Sano nº18

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